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Monitores de sueño y ortosomnia: la obsesión por dormir bien

Desde hace varios meses, hemos visto como la popularidad de los wearables (o pulseras de actividad) han ido creciendo considerablemente. En especial el mayor crecimiento lo hemos visto con las bandas FitBit y Mi Band, usada actualmente desde jóvenes hasta personas de avanzada edad.

Esta pulsera, tal como anuncia en su página web, “monitoriza cada aspecto de tu día: la actividad, el ejercicio, los alimentos, el peso y el sueño, para ayudarte a encontrar lo que mejor te sienta, a seguir motivado y a ver cómo los pequeños pasos tienen un gran impacto.”

Centrándonos en la parte que nos toca, que es el sueño, sabemos que estas pulseras detectan qué parte de la noche la pasas durmiendo, roncando, en sueño profundo y despierto, así como el ritmo cardíaco. Todos estos datos los resume y te los muestra al día siguiente para que analices qué tal has dormido esa noche. Además, puedes “comparar” tu sueño con otros usuarios, y te da otros datos como tu puntuación de sueño o si te has dormido a la hora adecuada o demasiado tarde.

Pues bien, últimamente son muchas las voces de especialistas que dicen que estas pulseras podrían ser perjudiciales para nuestro sueño. ¿El motivo? Preocuparse sobre metas al dormir puede causar ansiedad a la hora de dormir o que incluso empeore la calidad del sueño.

Muchos datos, menos sueño

En 2017, a raíz de un caso de estudio publicado en el Journal of Clinical Sleep Medicine, investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Rush y de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern acuñaron un término para la obsesión por lograr el sueño perfecto, ortosomnia, un término que proviene de «orto» -del griego orthos, que significa correcto- y «somnia», sueño.

Algunos de estos especialistas del sueño advierten que aplicaciones y dispositivos de monitorización de sueño pueden generar datos imprecisos y pueden incluso exacerbar los síntomas del insomnio. El exceso de datos y palabras ambiguas pueden volverse confusas: porcentajes de deuda de sueño, descensos bruscos del ritmo cardíaco, ritmos del sueño, gráficas de disrupción del sueño y comparativos con otros usuarios.

En el caso de estudio sobre ortosomnia, investigadores descubrieron que los pacientes habían pasado demasiado tiempo en la cama para intentar incrementar sus cifras de sueño, lo que pudo haber empeorado su insomnio. Y hallaron que les costaba persuadir a los pacientes para que dejaran de depender de sus pulseras de sueño, incluso si los números eran incorrectos.

Los fabricantes se defienden

Los fabricantes de los dispositivos de monitoreo y aplicaciones defienden su uso y precisión. Su argumento: monitorear el sueño puede hacer que la gente entienda la importancia de una hora consistente para ir a dormir y para despertarse. También puede subrayar los efectos que factores como el alcohol y el ejercicio tienen en los patrones del sueño.

Afirman que las bandas pueden brindar estimaciones fiables basadas en algoritmos que las compañías han desarrollado mediante el uso de aprendizaje automático en clínicas del sueño. Los monitores también pueden reconocer el ritmo cardiaco y los patrones de movimiento asociados con varias fases del sueño.

Sin embargo, estudios demuestran que aplicaciones diferentes dan puntuaciones diferentes la misma noche.

Vuelta al sueño «tradicional»

Expertos sobre la salud dicen que dormir lo suficiente de manera frecuente es crucial: puede contribuir a que pienses de manera clara, evitar enfermedades, así como mantener un peso adecuado, entre otros beneficios. El insomnio crónico ha sido relacionado a un riesgo mayor de muerte prematura, ataques cardiacos, así como el desarrollo de hipertensión, diabetes tipo 2, depresión y ansiedad.

La mejor solución, seguir lo básico de la higiene del sueño: seguir un horario regular, evitar ver pantallas antes de la hora de ir a dormir, evitar cenas copiosas, así como contar con un buen lecho de descanso (colchón y almohada viscoelástica para evitar problemas cervicales y de espalda).

Porque al fin y al cabo, como afirma la doctora Seema Khosla, presidenta del comité de tecnología de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño, “Las personas gastamos 200 Euros por un dispositivo para el sueño, pero no estamos dispuestos a simplemente apagar nuestros móviles e irnos a la cama”

 

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